Desde tu ubicación o desde la altitud que elijas.
Verifica ahora la disponibilidad de oxígeno y tu altitud para moverte con seguridad en alta montaña.
La proporción de oxígeno del aire no cambia nunca: 20,9 %, en la cima del Everest igual que en la playa. Lo que se derrumba al subir es la presión, y es la presión la que empuja el oxígeno a través de la pared pulmonar hasta la sangre. Eso es lo que modela la calculadora.
Introduces una altitud y el motor aplica la atmósfera estándar internacional (ISA, ISO 2533:1975 — el modelo con el que vuela la aviación desde los años cincuenta, publicado también como ICAO Doc 7488): presión a esa altitud, presión parcial de oxígeno dentro de ella y razón respecto al nivel del mar. Sale un único número, y ese número es honesto.
A 2.000 metros cada respiración te trae el 78 % del oxígeno del llano. A 3.000 m, el 69 %. A 4.000 m — Mont Blanc, los refugios altos en verano, buena parte de los Andes transitables — el 61 %. Mira la pendiente: entre 3.000 y 4.000 metros pierdes ocho puntos en mil metros de desnivel, y esa franja es donde la gente normal se mete en problemas. No en el Everest.
La cifra es oxígeno disponible en el aire, no tu saturación. Son dos magnitudes distintas, y la calculadora no estima la segunda.
Para dar una referencia: a 3.000 m un adulto sano en reposo suele leer una SpO₂ de entre 88 y 93 % los primeros días; tras una semana de adaptación sube a 92-96 %. A 4.000 m, sin aclimatar, 82-88 %. Son rangos de población obtenidos de mediciones en reposo con pulsioxímetro de dedo. Tu valor real te lo da únicamente el aparato en el dedo, allí arriba.
Tampoco es un diagnóstico. El riesgo de mal de altura no se lee en la altitud: responde a la rapidez con que subes, a cuántas noches llevas ya durmiendo alto y a cómo reaccionó tu cuerpo la última vez. Dos personas en el mismo collado, idéntico porcentaje, desenlaces opuestos. Pasa continuamente.
La serie completa altitud por altitud está en la tabla de oxígeno en altitud. Para saber qué debería marcar tu pulsioxímetro y cuándo una cifra merece preocupación, lee la saturación de oxígeno en altitud. ¿Preparas una ascensión de verdad y quieres actuar antes del dolor de cabeza? Empieza por el mal de altura.
La atmósfera estándar internacional (ISA, ISO 2533:1975), el modelo con el que la aviación civil calibra sus instrumentos, publicado también como ICAO Doc 7488. De la altitud saca la presión, de la presión la presión parcial de oxígeno, y la compara con el nivel del mar. El modelo describe una atmósfera media: un día real puede desviarse unos hPa, y con ello un punto porcentual.
No, y ningún modelo atmosférico puede hacerlo. La calculadora dice cuánto oxígeno hay en el aire a esa altitud. Cuánto llega a tu sangre depende de ti — entrenamiento, aclimatación, hidratación, genética — y eso solo lo mide un pulsioxímetro en el dedo.
No hay una altitud umbral. El MAM suele aparecer por encima de los 2.500 m, pero lo que manda es la velocidad de ascenso, la altitud a la que duermes y cómo reaccionó tu cuerpo la vez anterior: quien ya enfermó tiende a volver a enfermar. Un porcentaje de oxígeno bajo señala la carga, no el diagnóstico.
No. El campo de altitud va primero y se basta solo: escribe los metros de tu objetivo y calcula. El GPS es un atajo para quien ya está arriba, y la posición vertical es justo lo que peor estiman los móviles — errores de 50 a 100 metros son habituales.